
Federico Di Pasquale comparte la experiencia de la UFI LavDin. La unidad nacida en 2006 ha recibido 1032 expedientes, el 10% de los ROS que recibe la UIF. Di Pasquale enfatiza la importancia de la colaboración del sector privado
La criminalidad organizada esta siempre un paso delante. Cuentan con una cantidad de recursos y una ingeniería jurídica y contable que permanentemente busca –y encuentra– nuevas formas de delinquir, nuevos métodos para blanquear capitales.
Nos obliga a un estudio constante para estar actualizados y ser capaces de detectar las nuevas formas de blanqueo de capitales. Los modos de delinquir están constantemente mutando, y es necesario mantenerse al día.
Las transacciones se hacen por medio de personas jurídicas que ni siquiera están constituidas en el país, es decir que desentrañar la madeja puede ser verdaderamente difícil. Nosotros encaramos la problemática apuntando siempre a las dos incógnitas fundamentales: qué actividad se desarrolla y de dónde provienen los fondos.
Para nosotros la idea es siempre ir por los bienes y los activos que se generaron a partir de la actividad ilícita. Tratamos de esa manera de evitar que esas organizaciones criminales puedan seguir funcionando como tal. Se trata más bien de atacar la sustancia de la organización. Y si es posible, recuperar ese capital para el Estado.
Algunos casos son especialmente complejos, pues puede ocurrir que grandes estructuras productivas, que dan trabajo a muchas personas, se hayan constituido de esta manera. Requiere creatividad y cuidado para no desmantelar estas empresas lícitas constituidas con fondos ilícitos, procurando minimizar el daño económico y social.
Principalmente nos enfocamos en los expedientes que cuentan con una entidad suficiente, donde encontramos maniobras complejas y en los que advertimos que podría haber existido lavado de dinero y un delito precedente.






